"Eran las seis de la tarde, la ciudad comenzaba a tener ese aire de que el día está por irse al cúmulo de objetos perdidos."
Hace no mucho leí Ciudad Caníbal de Joaquín Guerrero-Casasola y después de hacerlo se me ocurrió volver a leer El pecado de Mama Bayou, ya que no había hablado nunca de este libro y me apetecía porque, como todo lo del autor, no tiene desperdicio. En esta novela, aparece de nuevo Gil Baleares, el detective privado en Mexico D.F., que también es protagonista de Ley Garrote, una de las novelas que más me ha impactado dentro del género negro.
En esta ocasión, a Gil Baleares le contrata el teniente de la Policía Judicial, Aníbal Carcaño, por medio de Wintilo Izquierdo, un antiguo amigo y compañero de Gil para que encuentre a Roberto, el hijo de un juez bastante importante. Gil Baleares decide aceptar porque si lo hace, a cambio le prometen que van a ayudarle a buscar a su padre, al que han secuestrado. La cosa se complica cuando empiezan a aparecer cadáveres de hombres asesinados todos con dos puntos en común: las víctimas están relacionadas con Roberto y en sus cuerpos se hallan restos de carmín negro. Y así comienza una historia de asesinatos, persecuciones, corrupción, celos, mariachis y travestis, de gente que lucha por sobrevir y de gente que abusa del poder que tiene.
A mí Gil Baleares es un personaje que me atrae muchísimo, por esa forma de ser que tiene tan honesta, por sus dudas, por sus debilidades, por su dureza y su ternura, por su relación con Teresa Sábato, con la que tiene un hijo al que conoce al principio de la novela y ese no querer que su hijo sepa que su padre es un pobre diablo y esa atracción por Teresa que le impide cualquier tentativa de huír.
"Teresa se me estaba metiendo en la cabeza despacio, igual que la mugre en esas líneas de los mosaicos, No quería quererla. Nuestra primera ruptura había sido como rascarse el corazón con la tapa de una lata de chíles."
Gil Baleares es un personaje que sale de las entrañas, que cautiva por la forma de hablar que tiene, de expresar todo lo que pasa a su alrededor. Es un hombre alejado de la corrupción, que se niega a creer que su padre haya muerto, que tiene compasión por los demás, y que tiene dudas y debilidades lo que le hace mucho más cercano, más humano y muy, pero que muy atractivo.
Lo más llamativo de Joaquín Guerrero-Casasola es la forma que tiene de utilizar el lenguaje. Su narración es ágil, no sólo los diálogos, abundantes en la novela, sino también las descripciones (esas métaforas y comparaciones que usa tan características, nada cursis y que a mí me dejan k.o.), toda la narración tiene un ritmo rápido, de oraciones cortas y lo pone todo en voz de Gil Baleares, entonces tú crees que él es el que habla y te cuenta y te metes en la historia y sobre todo te metes en el personaje y lo entiendes y quieres que todo vaya bien al final, aunque sepas que la vida es como es y no como quieres que sea.
"Me recordó esos barcos que pasan lejos y braman como si tuvieran pena; y uno los ve desde el puerto y siente ganas de hundirse en el mar de la desolación."
Aunque me parece que en conjunto Ley Garrote tiene más fuerza, El pecado de Mama Bayou es un libro que cualquier amante de la novela negra debería leer y Joaquín Guerrero-Casasola es un autor a tener muy en cuenta dentro del género. Pura poesía negra y criminal.
Esta novela participa en la Yincana Criminal 2017 en el apartado " El protagonista es un detective".
Título: El pecado de Mama Bayou
Autor: Joaquín Guerrero-Casasola
Editorial: Lengua de Trapo
ISBN: 9788483810460
Pgs: 220


