Mostrando entradas con la etiqueta Joaquín Guerrero-Casasola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Joaquín Guerrero-Casasola. Mostrar todas las entradas

26 marzo 2017

El pecado de Mama Bayou (Joaquín Guerrero-Casasola)

 "Eran las seis de la tarde, la ciudad comenzaba a tener ese aire de que el día está por irse al cúmulo de objetos perdidos."

Hace no mucho leí Ciudad Caníbal de Joaquín Guerrero-Casasola y después de hacerlo  se me ocurrió volver a leer El pecado de Mama Bayou, ya que no había hablado nunca de este libro y me apetecía porque, como todo lo del autor, no tiene desperdicio. En esta novela, aparece de nuevo Gil Baleares, el detective privado en Mexico D.F., que también es protagonista de Ley Garrote, una de las novelas que más me ha impactado dentro del género negro. 

En esta ocasión, a Gil Baleares le contrata el teniente de la Policía Judicial, Aníbal Carcaño, por medio de  Wintilo Izquierdo, un antiguo amigo y compañero de Gil para que encuentre a Roberto, el hijo de un juez bastante importante. Gil Baleares decide aceptar porque si lo hace, a cambio le  prometen que van a ayudarle a buscar a su padre,  al que han secuestrado. La cosa se complica cuando empiezan a aparecer cadáveres de hombres asesinados todos con dos puntos en común: las víctimas están relacionadas con Roberto y en sus cuerpos se hallan restos de carmín negro. Y así comienza una historia de asesinatos, persecuciones, corrupción, celos,  mariachis y travestis, de gente que lucha por sobrevir y de gente que abusa del poder que tiene. 

A mí Gil Baleares es un personaje que me atrae muchísimo, por esa forma de ser que tiene tan honesta, por sus dudas, por sus debilidades, por su dureza y su ternura,  por su relación con Teresa Sábato, con la que tiene un hijo al que conoce al principio de la novela y ese no querer que su hijo sepa que su padre es un pobre diablo y esa atracción por Teresa que le impide cualquier tentativa de huír. 

"Teresa se me estaba metiendo en la cabeza despacio, igual que la mugre en esas líneas de los mosaicos, No quería quererla. Nuestra primera ruptura había sido como rascarse el corazón con la tapa de una lata de chíles."

 Gil Baleares es un personaje que sale de las entrañas, que cautiva por la forma de hablar que tiene, de expresar todo lo que pasa a su alrededor. Es un hombre alejado de la corrupción, que se niega a creer que su padre haya muerto, que tiene compasión por los demás, y que tiene dudas y debilidades lo que le hace mucho más cercano, más humano y muy, pero que muy atractivo.

Lo más llamativo de Joaquín Guerrero-Casasola es la forma que tiene de utilizar el lenguaje. Su narración es ágil, no sólo los diálogos, abundantes en la novela, sino también las descripciones (esas métaforas y comparaciones que usa tan características, nada cursis  y que a mí me dejan k.o.), toda la narración tiene un ritmo rápido, de oraciones cortas y lo pone todo en voz de Gil Baleares, entonces tú crees que él es el que habla y te cuenta y te metes en la historia y sobre todo te metes en el personaje  y lo entiendes y quieres que todo vaya bien al final, aunque sepas que la vida es como es y no como quieres que sea.

"Me recordó esos barcos que pasan lejos y braman como si tuvieran pena; y uno los ve desde el puerto y siente ganas de hundirse en el mar de la desolación."

Aunque me parece que en conjunto Ley Garrote tiene más fuerza, El pecado de Mama Bayou es un libro que cualquier amante de la novela negra debería leer y Joaquín Guerrero-Casasola es un autor a tener muy en cuenta dentro del género. Pura poesía negra y criminal.

Esta novela participa en la Yincana Criminal 2017 en el apartado " El protagonista es un detective".

Título: El pecado de Mama Bayou
Autor: Joaquín Guerrero-Casasola
Editorial: Lengua de Trapo
ISBN: 9788483810460
Pgs: 220

21 enero 2015

La sicaria de Polanco (Joaquín Guerrero-Casasola)

«Yo solía ser de esas "mamá cuervo" que dicen mi niña es una santa pero las malas compañías la echaban a perder". Brenda no pudo concebir la idea de robar un coche para dejarlo por ahí atascado de latas de cerveza, envolturas de comida, chatarra, techo y asientos pintarrajeados con lápiz labial. Cierto que tiene mal carácter, que es —como lo dijo mi primo Blaz, psicólogo— intolerante a la frustración, pero en el fondo ella es una chica de buenos sentimientos. La sangre corre con tal fuerza por sus venas que, a veces, se desboca un pelín de más. Aunque...
Nada. Un día me dije la verdad: Brenda es una cabrona.
Fue liberador.»


Karina Shultz es la protagonista de esta historia narrada en primera persona. Trabaja en una tienda de antigüedades y decoración llamada La Garbo, pero no en honor de la actriz, sino por su abuela, que se apellidaba así. Karina tiene dos hijos adolescentes a los que tiene que cuidar sola desde que su marido, Günther, murió en un accidente de caza en España. Brenda, su hija mayor, tiene un carácter violento y un tanto explosivo, que le hace meterse siempre en problemas. Sin ir más lejos, al principio del libro la expulsan del colegio por clavarle un lápiz en los ojos (con ensañamiento) a una de sus compañeras por haberse burlado de su hermano Sigfrido, que es todo lo contrario que es ella: un chico apocado y tímido, que jamás se defiende ante los ataques de los demás. 

Pero Karina no solo es una madre entregada  y la dueña de un negocio, también trabaja como sicaria, aunque a ella no le hace mucha gracia esa palabra porque considera que lo que hace es diferente a lo de los sicarios. Lo curioso, para darle un poco de emoción al asunto, no es que lleve una doble vida, sino que su novio actual, Carlos, es policía y además, el encargado de resolver un caso de asesinato de un hombre famoso que ha sido asesinado por su novia. Claro que él no tiene ni idea. 

Pero esta historia no va de la resolución de ningún caso de asesinato, aunque aparecen unos cuantos, sino de Karina, una mujer que nos cuenta qué es lo que le llevó a convertirse en asesina a sueldo. También va sobre la relación que tiene con sus hijos, a los que quiere proteger y ayudar; sobre la relación con su novio, Carlos,  con sus amigas del alma  e incluso sobre su relación con otras mujeres que se dedican a lo mismo que ella y con las que tiene que realizar algún trabajito. 

El año pasado con Ley Garrote descubrí a Joaquín Guerrero-Casasola, cuyo estilo a la hora de escribir me parece fascinante. No solo por el exotismo de ese acento mexicano (obviamente no soy de allí y por eso me parece exótico, claro), sino por la agilidad que le imprime a los textos y por ese toque de humor que rebosan sus historias a pesar de lo duro de los temas.

En La sicaria de Polanco Karina, con su personalidad arrolladora, nos lleva de un sitio a otro sin descanso, pasa de un tema a otro como quien chasca los dedos. El lenguaje es fluido, se nota que el autor domina su uso, y desde luego él queda oculto detrás de Karina, uno al leer no tiene la impresión de que el autor está presente, cree que es la propia Karina la que le está contando todo, lo que en mi opinión es realmente bueno porque hace que te metas muy dentro de la acción.

Me he dado cuenta, sin embargo, de que a un personaje que se llama Justino le cambian el nombre dos veces (creo) durante la historia (eso si lo he leído bien, que igual me he equivocado) Supongo que es el único defectillo que le he encontrado y que quizá me ha sabido a poco, que me ha parecido corto, aunque creo que es mejor que se quede tal cual está para que Karina no llegue a cansar. 

¿Qué más puedo decir? Que me he convertido en una fan absoluta de Joaquín Guerrero-Casasola y de su manera de escribir, no solo de lo que cuenta, sino de cómo lo hace. Ley Garrote me gustó un poco más, pero desde luego, la historia de Karina no desmerece, una historia realmente interesante llena de altos y bajos , de amor, de venganza, de odio y rabia, de amor por los hijos, de supervivencia y superación.

Por cierto, me encanta la cubierta. 

Título: La sicaria de Polanco
Autor: Joaquín Guerrero-Casasola
Editorial: Ediciones B
ISBN: 9788466647335
Pgs: 286

Retos: 24 españoles, reading challenge, viajando con los libros

31 marzo 2014

Ley Garrote (Joaquín Guerrero-Casasola)

«El mezcal nunca ha sido mi bebida predilecta, su sabor es una blasfemia y eso del gusano muerto no es más que fanfarronada para impresionar a los turistas. Si me lo preguntan, recomiendo el tequila.» 

Y así es como lo he sentido yo, como un trago de tequila del bueno, de esos contundentes que te rasgan la garganta y templan el cuerpo, porque si algo tiene este libro es contundencia. Es directo, duro, cortante, inesperado, rápido y está lleno de humor.

 Gil Baleares es un detective al uso de novela negra- ex policía, exmarido,  bebedor y obsesionado con comprarse un Tsuru Nissan, el único motivo por el que acepta el caso del secuestro de Alicia, la hija del señor Del Moral, dueño de una fábrica de dulces. Y así es como empieza la historia, negociando con los padres de la secuestrada el precio que va a cobrar por ayudarles a resolver el caso. Un comienzo directo, sin ningún tipo de rodeo ni introducción. Como todo el libro, que no tiene ni una letra de desperdicio y sí frases de esas que se guardan para releer porque son pura poesía,  poesía negra, que nos habla del DF, de la corrupción, de los secuestros exprés,  un negocio muy lucrativo en el que intervienen numerosos agentes que no tienen nada que ver entre sí: desde los que vigilan hasta los que secuestran, pasando por quien te corta un miembro o deja su casa para esconder al secuestrado. 



«—Se oye bonito, mira, cabrón, hay tanto trabajo en secuestros que cualquiera puede entrarle y salir ganando plata sin sentirse tan sucio. Ahí te van varios puestos a ver cuál te gusta. »

Pero Joaquín Guerrero-Casasola no solo hace una crítica de la corrupción en el DF, también nos habla de la relación entre Gil Baleares y su padre, un ex policía judicial, al que apodan El Perro, que fue una figura importante en plena corrupción de los años 70 y que ahora sufre de Alzheimer. Y nos lo cuenta  de tal manera, que esta historia familiar se integra perfectamente en el resto, sin causar ninguna estridencia.

«Cada día que escombraba su habitación le quitaba algo: un día fueron las fotos con sus amigos de la policía, otro su manopla, otro más vacié las medicinas del buró. Quería desaparecerlo despacio, no bruscamente, pero sí que al final tuviera que recurrir a mi cabeza para recordarlo y no que los objetos me saltaran en cima sin previo aviso.»

Creo que esta historia, ganadora en 2007 del Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial, es una de las que más me ha gustado de las que he leído este año. Y confieso que me ha sorprendido, que tiene giros que no me esperaba para nada, que me he enamorado de esa prosa tan exótica de acento mexicano, de ese humor constante entre tanta negrura, de ese escribir a golpe de pistola, sin que al lector apenas le de tiempo a reaccionar.

Título: Ley Garrote
Autor: Joaquín Guerrero-Casasola
Editorial: Roca
Pgs: 205
ISBN: 9788496544956

28 marzo 2014

Ley Garrote

No tiene desperdicio.

«¿Tienen idea de cómo luce Ciudad de México a las seis de la mañana, vista desde la azotea de un edificio de seis pisos, donde las sábanas en los tendederos manotean como fantasmas temerosos, empujados por el viento? El cielo es una herida purulenta, una nata color marrón, densa como aceite sucio de coche o como café capuchino en vaso transparente, flota amenazante cerca del asfalto. Cualquiera dice, no tengo salvación y puede que no mienta. Sales a la calle, pero no sabes si volverás completo a casa. Todo puede pasarte en un par de horas, ser arrollado de ida y vuelta por un loco detrás del volante. A ese loco no podrán echarle encima una condena larga por ser menor de edad. Puedes ser martirizado, convertido al satanismo o a Dianética sin previo aviso, usado para tráfico de drogas, sodomizado por un tipo vestido de Santa Claus, obligado a aceptar una tarjeta de descuentos que no quieres.» 


Ley Garrote. Joaquín Guerrero-Casasola.